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Críticas (Reviews)

Críticas (Español)

El Bosque Sagrado

 

                            En el lado este del Kii, cerca de los bosques de       

                             Kumano se encuentra Ise Jingu, El Templo de Ise,

                             alli se celebra el Shikinen Sengu,

                             la ceremonia del renacimiento de los arboles del Bosque Sagrado...

 

El universo estetico de Claudia Ferrari se inscribe en este territorio de unión entre la imagen y lo espiritual.

Iniciada en el arte japones en la Tradicion del Sumi e, sus imágenes nos transportan a un viaje donde la naturaleza es el escenario mágico de la representación de un estado trascendente.

La contemplación es el primer vinculo subjetivo, la mirada como  conección de un estado interno, donde el paisaje será la materia de proyección.

En sus obras "Variaciones de la luz vista desde mi ventana "un paisaje aereo levita sobre el agua de sus acuarelas.

Que es la Luz en el Agua?

La acuarela y el agua son el soporte de lo inmanente, generando la transparencia como inmaterialidad lumínica.

La vista de un rio, un bosque son territorios de percepción donde la luz y la respiracion,como una forma de meditación, nos nombran el paso del tiempo.

Desde una marca ancestral japonesa y con una mirada contemporanea sus piezas se vuelven cada vez mas leves hasta el soporte ahora un papel transparente, permite que la luz tome forma corporea en el bosque.

El bosque es misterio, inmensidad y refugio, el árbol su núcleo y su piel como alegoría del cuerpo.

La  serie de las flores acrecienta la sensualidad de las imágenes, como geishas naturales son alegorias de placer.

El bosque tambien puede ser nocturno, otoñal oscuro hasta el mas profundo invierno. Nieve,negro y oro.

Estas visiones nevadas nos sumergen en el concepto japones  Mono No Aware, traducible como a una particular sensibilidad a la belleza efimera de las cosas.

En estas imagenes el circulo perfecto se ha trazado.

Todo renace.

Y todo el ciclo de la naturaleza se despliega exhuberante.

En la cuspide de este ciclo vital emerge el Arbol Dorado, custodiado por mantras, este símbolo da ingreso al Templo de Ise, El Bosque Sagrado.

Introspectivos como en un jardin zen o ante el sonido perfecto de un haiku, permanecemos contemplando estos paisajes en un estado de serenidad, en ese instante el arte posee la intensidad sacra de la vida.

 

Fabiana Barreda

El empleo del color al agua inmediatamente impone la evidencia palpable de que lo acuoso será, más que un medio, todo un carácter, un comportamiento temperamental del lenguaje. En el aleteo impalpable que sobrevuela cada uno de estos ensayos líricos, Claudia Ferrari va y viene de la levedad a la precisión; se propone, y logra, evadirse aun cuando parece anclarse en escenas, atmósferas o paisajes, y en todo habrá una cualidad pregnante y a la vez inmaterial. Su única certeza es el instante, ese punto fluctuante de deliberada volubilidad y modulación justa, donde el fenómeno mandatario es la constante transición entre un estado y otro del pigmento, en la mayor o menor densidad del tratamiento, en el contrapunto o conciliación entre la milagrosa inconsistencia sólida del papel de arroz y las propiedades de los recursos puestos  en juego.

El estatuto técnico y emocional de la autora transcurre entre la resonancia con tradiciones que ella hace explícitas, como la del sumi-e, así como busca con suficiente autonomía y sensitividad ciertas maneras del territorio impresionista, cerca también de las poéticas abstractas de artistas tan disímiles como Frankenthaler, Wyeth, o Zao Wou-Ki. No obstante, su predilección se concentra claramente en esa zona incierta y misteriosa donde toda familiaridad retrocede frente a la constatación de que la mancha, el gesto controlado, la caligrafía que se transfigura en arquitectura narrativa, y la confluencia de superposiciones, vibraciones, transparencias y capas fluidas de articulación tonal se despliegan como valores absolutos, saludablemente al margen de los acotados límites que instauran las influencias.

Eduardo Stupia, marzo 2010

CLAUDIA FERRARI

 

WABI SABI,  BELLEZA TRANSITORIA

Paisajes

 

Wabi sabi describe una sensibilidad estética tradicional japonesa que se basa en la apreciación de la belleza transitoria del mundo físico.

 

 

              

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                      “Mantra” (detalle) sumi-é sobre papel arroz

 

Claudia Ferrari: esta artista toma una de las más antiguas tradiciones de Oriente: el vacío, fusionándola a la tempestuosa imagen romántica alemana del paisaje expresionista.  En esta intensa encrucijada esta artista busca alcanzar un instante de iluminación, ese estado de súbita conciencia –satori- donde entramos en conexión con lo manifestado.  La Naturaleza es el medio preciado para el acceso a ese encuentro con lo sublime, el encuentro con lo más profundo del alma, como lo llamaban los románticos siguiendo la tradición de los pensamientos de Gaspar Friedrerich.

Fabiana Barreda

 

Claudia Ferrari ha adoptado ciertos aspectos del arte asiático tornándolos parte de un lenguaje personal que le es propio.  Las pinturas de Ferrari son a la vez abstractas y descriptivas con sus formas de la Naturaleza yuxtaponiéndose con textos escritos y áreas de color tenue pero luminoso a la vez.  Sus trabajos combinan la opulencia de los biombos y los rollos de pintura japonesas con elementos de abstracción contemporánea para lograr una síntesis muy original.

Lisa Krauss, Gallery & Studio, New York City.

 

 

INAUGURACION: 1ª Marzo 2006, 19 hs

 

 

ARCIMBOLDO galeria de arte

Directora: PELUSA BORTHWICK

Reconquista 761 – PA 14- Bs.As.

Telfax: 4311-3373

E-mail: arcimboldogaleria@yahoo.com.ar

www.claudiaferrariarte.com

 

Reviews (English)

The Sacred Forest

 

In the East side of Kii, near the Kumano Woods, you find Ise Jingu, the Temple of Ise.  There, the Shikinen Sengu is celebrated, that is, the ceremony of rebirth of the trees from the Sacred Forest…

 

 

The aesthetic universe of Claudia Ferrari is confined to the territory where the image is linked to the spiritual world.

Initiated in the Japanese art of Sumi-e, her images take us through a journey where Nature is the magical stage of representation of a transcendent state.

 

Contemplation is the first subjective link, the gaze as a connection of an internal state where landscape will be the subject of projection.

In her works “Variation of Light: View from my Window”, an aerial landscape levitates over the water of her watercolors.

What is Light on the Water surface?

Watercolor and water are the support of the immanent, that which generates transparency as the immateriality of light.

 

The view of a river or a forest belongs to the territory of perception where light and breathing show us the passing of time as a form of meditation.

 

From an ancient Japanese legacy and a contemporary view, her works become even lighter on a transparent paper that allows light to take form in the Woods.

 

The forest is mystery, immensity and a refuge; the tree is its nucleus and its skin, an allegory of the human body.

 

The series of the flowers increases the sensuality of the images, like natural geishas, they are an allegory of pleasure.

The forest can also be dark, deep autumn into a black winter. 

White snow, black and gold.

 

These visions of snow take us into the Mono No Aware, which can be translated as a particular sensitivity to the ephemeral beauty of things.

These images draw the perfect circle.

Everything is reborn.

And all the cycle of Nature is shown in all exuberance on the white walls of the gallery, as in a crystal case.

 

At the top of this vital cycle appears the Golden Tree, well guarded by ancient Mantras.  This symbol allows you to enter the Temple of Ise, The Sacred Forest.

 

Introspective as in a Zen garden or when we listen to the perfect sound of a haiku, we contemplate these landscapes in a state of serenity.  That is when art acquires the sacred intensity of life.

 

Fabiana Barreda.

The use of water-based colors immediately proposes the palpable evidence that the water-like quality will be more than a means; it will be a statement, a temperamental behavior of the pictorial language.  In the imperceptible fluttering that flies over each one of these lyrical essays, Claudia Ferrari moves between slightness and precision.  She manages to evade herself even when she seems to be anchored in scenes, atmospheres or landscapes.  Everything is covered by a pregnant quality of immateriality.   Her only certainty is the instant, that fluctuating point between deliberate volubility and the enough amount of modulation, where the main phenomenon is the permanent transition between the states of the dye, its density, the counterpoint or the conciliation between the miraculous inconsistency of the rice paper and the characteristics of the resources at stake.

 

The emotional and technical statute of the author moves between the resonance of traditions she makes explicit, like sumi-e, and certain forms that she takes with autonomy and sensitivity, out of the impressionist terrain, also close to the abstract poetics of such different artists as Frankenthaler, Wyeth or Zao Wou-Ki.

Nevertheless, she concentrates clearly on that mysterious and uncertain area where the stain, the controlled gesture, the calligraphy that becomes a narrative architecture, and the confluence of superposition, vibration, transparency and fluid layers of tone articulation become absolute values, completely independent from the narrow limits imposed by influences.

 

Eduardo Stupía. March 2010